Una isla griega para cada viajero

Todas las escapadas posibles caben en este mosaico de felicidad alimentado por la mitología y famoso por sus postales en azul y blanco

Puede que sea su luz, con la que envuelven un paisaje que es pura esencia mediterránea. O tal vez su perfil magnético, muchas veces heredero de un pasado volcánico. El caso es que nada puede impedir la emoción ante estas islas bañadas por el sol y desperdigadas a lo largo y ancho del país heleno.

Se cuentan más de 3.000, aunque solo unas 300 están habitadas y en ellas descansa el acervo de imágenes que comúnmente se tiene de Grecia: la cúpula azul de una iglesia dominando la bahía, las playas resplandecientes, los infinitos olivares, las casas encaladas por donde trepan las buganvillas, los molinos quijotescos… y hasta la señora del yogur profiriendo gritos en un idioma imposible.

Dime qué tipo de viajero eres y te diré qué isla griega visitar

Hay en este mosaico de trocitos insulares una adictiva cadencia de pareo, siesta y atardeceres. Un culto por la buena vida, la naturaleza sin enlatar, el disfrute de los sabores de la tierra. Y mucho, mucho calor humano, esa filoxenia que dicen allí para referirse a una hospitalidad que forma parte de la experiencia griega.

En estas islas ajenas a la dictadura del reloj se aprende que la felicidad puede estar en una zambullida matinal en unas aguas de color esmeralda o en una ensalada bien colmada de queso feta sobre el mantel a cuadros de una taberna.

Después, claro, están los ecos de la antigüedad, las resonancias mitológicas, la huella que dejaron las distintas civilizaciones (minoicos, romanos, bizantinos, venecianos…) que fueron moldeando su historia.

Y si a ello se añade el gusanillo que produce codearse con los inicios del pensamiento, escuchar los latidos precursores de la democracia e imaginar los primeros pasos del arte, la ciencia y la filosofía, la seducción está más que servida: ya no quedará más remedio que profesarles un amor eterno.

Agrupadas en diferentes archipiélagos y acariciadas por distintos mares, descubrir estas islas pasa por hacer antes algo muy sencillo: decidir cuál es la Grecia que se quiere vivir.

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Porque da igual lo que se espere de ellas: disponen de tal combinación de elementos, que hay sitio para todo viajero.

Cazadores de puestas de sol, discotequeros, nostálgicos de héroes, dioses y poetas, amantes de la buena mesa, rastreadores de culturas perdidas o simples mortales que tal vez pidan a gritos un naufragio en alguno de estos paraísos. Así que dinos qué tipo de viajero eres y te diremos en qué isla griega naufragar.

* artículo original publicado en Traveler.es
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Autor entrada: Redacción

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