¿Por qué Buenos Aires es un infierno en verano?

Diciembre, enero y febrero son lo meses en los cuales el sol impacta más directamente en el hemisferio sur, y por esta razón, que las temperaturas suban es lo natural. Pero año tras año, transitar los meses de verano en la Ciudad de Buenos Aires se hace más difícil si no contamos con tecnología que permita refrescarnos. Se habla del calentamiento global, que eleva las temperaturas medias en todo el planeta, pero ¿qué ocurre puntualmente en la Reina del Plata para que sea cada vez más difícil poder dormir sin un ventilador o aire acondicionado?

El efecto isla de calor es una de las respuestas. Este efecto, no tan difundido, es “un fenómeno de origen térmico que se produce en áreas urbanas y que consiste en que existe una temperatura diferente, que tiende a ser más elevada especialmente durante la noche, en el centro de las ciudades -donde se suele producir una edificación masiva- que, en las áreas de alrededor, como extrarradios o zonas rurales”, según explica Juan Pablo Pilatti, del Instituto Ciudad, Políticas Públicas para Buenos Aires.

El boom inmobiliario que desde hace años se está dando en territorio porteño es en gran medida el responsable de que estas islas de calor se hagan sentir con rigor en barrios como Caballito, Almagro o San Cristóbal.

Para contrarrestar este efecto, incrementar los espacios verdes es fundamental, y años atrás, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó una ley que permitía aumentar la superficie verde sin afectar a la industria inmobiliaria. Las terrazas verdes fueron la solución salomónica que podía dejar a todos contentos, ya que sin impedir la edificación e impulsando la instalación de un techo plagado de vegetación, se reduce el efecto “el infierno está aquí” al transformar en menor medida que el asfalto o una azotea con membrana la radiación solar en calor.

Pero la Ley de terrazas verdes aún no fue reglamentada por el Poder Ejecutivo, impidiendo que se pueda acceder a los descuentos impositivos que establece como incentivo para instalarlas y mantenerlas (una reducción en el importe del Alumbrado, Barrido y Limpieza, por ejemplo), desvirtuando así el espíritu y objetivos de la mencionada normativa.

Al poco conocido efecto isla de calor que afecta a una gran urbe como Buenos Aires, se suma el muy preocupante efecto invernadero, caracterizado por la subida de la temperatura de la atmósfera que se produce como resultado de la concentración en la atmósfera de gases, principalmente dióxido de carbono.

Y así como en la isla del infierno los edificios tiene un rol protagónico, en el efecto invernadero, también.

De acuerdo a un informe realizado por el área de investigación dirigida por Laura Rocha sobre el Ambiente y Desarrollo Sostenible de I-Ciudad (Instituto Ciudad, Políticas Públicas para Buenos Aires),  “las mayores emisiones de gases de efecto invernadero en la Ciudad son producidos por los edificios residenciales (29%), luego el transporte (27%), y después la energía estacionaria en edificios comerciales e institucionales (23%)”, siendo los residuos sólidos los que menor impacto generan en la emisión de dióxido de carbono con el (13%). efecto invernadero

Si sumamos los gases emitidos por edificios residenciales y la energía estacionaria de los edificios comerciales e institucionales, más del 50 por ciento de las emisiones de la Ciudad de Buenos Aires que contribuyen al efecto invernadero son producto de lo que ocurre en casa y el trabajo entre cuatro paredes, incluido prender el split, ya que los aires acondicionados que se cuentan por miles en Argentina, liberan millones de toneladas de dióxido de carbono cada año.

La próxima vez que prendas el aire, sabrás que estás combatiendo tu calor pero colaborando con el calentamiento global.

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Autor entrada: Redacción

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